Tribuna
Cuando el talento encaja, la empresa avanza
Las organizaciones que aciertan no son las que más candidatos tienen, sino las que definen con precisión qué necesitan y cómo debe encajar en su contexto


Publicado el 14/04/2026 a las 05:00
“Alguien con sentido común que encaje”
Es una de las frases que más se repiten en los comités de dirección cuando se plantea la incorporación de un perfil directivo o de un mando intermedio clave.
Y, en realidad, resume bastante bien la complejidad de la decisión.
Porque detrás de esa aparente sencillez hay algo que todas las organizaciones reconocen, aunque no siempre formulen con claridad: no se trata solo de cubrir un puesto, sino de acertar con una persona que encaje en un momento muy concreto de la empresa.
Una decisión que va más allá del proceso
En el contexto actual, hablar de la dificultad para encontrar determinados perfiles no es una percepción, es una realidad.
En muchas posiciones, especialmente aquellas que combinan capacidad de gestión, liderazgo y conocimiento técnico, el número de profesionales disponibles es limitado. Y, además, suelen estar ya vinculados a proyectos donde tienen recorrido. Esto reduce el margen de elección y eleva el nivel de exigencia de cada decisión.
Ahora bien, asumir esta realidad no significa que el resultado dependa únicamente del mercado. De hecho, cuando se analizan los procesos que realmente terminan en incorporaciones sólidas, aparece un factor que marca diferencias: la claridad interna.
Las organizaciones que aciertan no son necesariamente las que tienen más candidatos donde elegir, sino las que han sido capaces de concretar con precisión qué necesitan y para qué.
Cuando esa definición existe, el proceso cambia de naturaleza. Se afina el criterio. Se descartan antes perfiles que no encajan, aunque sean atractivos sobre el papel. Y se reconoce con mayor claridad cuándo aparece la persona adecuada, incluso en mercados ajustados.
En cambio, cuando esa reflexión no se ha hecho, la escasez se percibe todavía mayor. El proceso se alarga, se generan dudas constantes y cualquier perfil parece, al mismo tiempo, válido e insuficiente.
Por eso, aunque el mercado condiciona, y en algunos casos limita, el punto de partida sigue estando dentro de la propia organización.
No elimina la dificultad, pero sí determina cómo se gestiona.
Definir bien el reto, no solo el puesto
Las decisiones de talento más sólidas suelen comenzar con una conversación distinta.
No tanto sobre el puesto en sí, sino sobre el momento que vive la empresa.
.¿Qué queremos que cambie en los próximos meses?
. ¿Dónde necesitamos dar un salto?
. ¿Qué tipo de contribución esperamos de esta persona?
Porque no es lo mismo incorporar a alguien para impulsar crecimiento que para ordenar una estructura. Ni para profesionalizar una organización que para hacerla más ágil. Ni para cohesionar un equipo que para elevar su nivel de exigencia.
Y, sin embargo, muchas veces todas esas situaciones se traducen en descripciones de puesto muy parecidas.
Cuando la reflexión se centra en el reto, y no solo en el rol, el perfil deja de ser genérico y pasa a estar realmente alineado con la necesidad. Y eso es lo que, en última instancia, mejora la calidad de la decisión.
La alineación con la cultura organizativa: donde el talento se convierte en impacto
A partir de ahí, hay un elemento que adquiere un peso determinante: la alineación.
La experiencia, el conocimiento técnico o el sector son importantes, sin duda. Pero lo que marca la diferencia en el medio plazo es cómo esa persona se integra y opera dentro de la organización.
Cómo entiende su papel.
Cómo se relaciona con el equipo.
Cómo toma decisiones.
Cómo se adapta al ritmo y a la forma de hacer de la empresa.
Es en ese espacio donde el talento empieza a convertirse en impacto real. Y es también donde se explica por qué hay profesionales excelentes que no funcionan en determinados contextos… y otros que, sin trayectorias tan llamativas, generan resultados muy sólidos.
Cada vez más organizaciones están poniendo el foco en este aspecto, entendiendo que no es un elemento intangible, sino una variable clave en la decisión.
Los primeros meses: donde se consolida todo
Hay otro momento que, con frecuencia, marca la diferencia: los primeros meses tras la incorporación.
Lejos de ser una fase automática, es un periodo de ajuste progresivo. De conocimiento mutuo, de alineamiento de expectativas, de construcción de relaciones y de legitimidad dentro del equipo.
Cuando este proceso se cuida, el impacto llega antes y de forma más consistente.
Decisiones que construyen organización
Con el tiempo, hay un patrón bastante claro en las empresas que aciertan en este tipo de decisiones.
No es que tengan procesos más complejos. Es que abordan la selección con una mirada más amplia. Dedican tiempo a entender qué necesitan de verdad, a compartir esa reflexión dentro del equipo directivo, a evaluar no solo la experiencia, sino también la forma de hacer. Y a cuidar la integración de la persona en la organización.
Porque saben que incorporar a alguien en una posición clave no es solo cubrir una vacante. Es construir organización.
Geni Capdet, socia directora de Montaner Navarra
